A lo largo de mi vida y de mi profesión como maestra he tenido
la suerte de conocer a muchas personas, cada un@ con su forma pensar, de actuar,
de trabajar y de conectar de forma diferente. Es decir, cada un@ con su luz
propia.
Y es que cuando somos pequeños, podemos creer que la
realidad es lo que vivimos en nuestra familia, la forma correcta de hacer o ser
es la que hemos visto en casa. Pero a medida que creces vas entendiendo que no existe
una única realidad, que hay una infinita cantidad de percepciones que no deben
ser condenadas por la imposición de una norma social que nos dicta que es lo
correcto.
La esencia de una persona solo la puedes apreciar desde la
aceptación de esa percepción sobre el mundo que tiene. Que la grandeza y el
crecimiento de una persona es cada vez mayor cuando es capaz de pensar por sí
mismo, de amar su forma de ver la vida sin creer que es la única.
Cuando aceptando la forma de pensar y vivir de los demás,
sin necesidad de compartirla, pero con capacidad de aprender de las diferencias
y abrazar la esencia ajena, crecemos como personas.
Identificar nuestra forma de vivir y de hacer nos hace independientes,
mostrarla al mundo compartiendo con orgullo y amor a nosotros mismos nos hace sentirnos
orgullosos y felices. Pero conocer la de los demás estando dispuesto a romper nuestros
propios esquemas y fusionar nuestros conocimientos con los del resto nos enriquece
y nos hace sentirnos orgullosos, grandes, felices y más completos.
En cambio, creer que ya lo sabemos todo, o incluso
encasillar el saber con la edad, etnia o apariencia, nos puede condenar a no conocer
a personas que pueden enseñarnos grandes cosas. Desvalorizar la edad nos puede
impedir perder la cantidad de aprendizaje que un niño puede proporcionarnos, enseñándoles
a su vez a ellos rigidez y falta de confianza.
Por lo que como maestr@s debemos trabajar ciertas aptitudes
que deberían formar parte de nosotros y que será lo que enseñemos a nuestros
alumnos desde el ejemplo, entre ellas están, tener siempre una mente abierta,
aceptación, respeto, amor hacia los demás y hacia uno/a mismo, compartir y,
brillar sin permiso.